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Nuestra Portada: "Viento en popa..."
No. 115
Editorial
“Hasta
el último cerdo…”
Gradualmente, y cada vez
con mayor firmeza, se eleva el clamor de los
porcicultores de México, quienes aun cuando han sido
atendidos y oídos por las autoridades de gobierno, y
hasta han recibido de sus funcionarios lisonjas y
públicas expresiones de simpatía hacia esta actividad
tan arraigada en las tradiciones del campo mexicano,
no han sido escuchados y por ello no se han dado las
acciones correctivas demandadas para menguar el daño
que las importaciones desmedidas y a precios
depredatorios se inflige al sector desde hace ya más
de dos décadas.
Los pocos y casi nulos
esfuerzos oficiales sólo han prolongado la agonía de
los porcicultores mexicanos; ese desgano gubernamental
irremisiblemente nos conduce a la desaparición de la
producción comercial de carne de cerdo en México, al
quebranto total de nuestra economía y la consecuente
pérdida de empleos en estos momentos cruciales del
país.
Tal indecisión sólo ha
acrecentado las filas de los beneficiarios de los
programas asistenciales, destino de un sinnúmero de
familias que dependen de manera directa e indirecta de
esta actividad, cuando como mexicanos responsables y
con probada capacidad productiva debemos resistirnos a
esa fatalidad que está hundiendo a México.
Nos preguntamos: ¿De
dónde se nutre tanta indolencia hacia el campo? ¿Dónde
está la dirección del país y hacia dónde nos llevan?
¿Es nuestra incompetencia en la conducción de los
asuntos nacionales? o ¿es que nuestro país ha sido
copado por intereses supranacionales? como pareciera
ser la expresión de la omisión de funcionarios y
exfuncionarios de Economía (antes SECOFI), interesados
en que el país se provea de bienes importados baratos,
aunque ello implique la destrucción de la planta
productiva nacional, única fuente real de ingresos y
de bienestar de la población mexicana. Esos
funcionarios, aparentemente interesados en mejorar el
ingreso del consumidor, han sido sistemática fuente
generadora de desempleo, de la dependencia alimentaria
y el endeudamiento mayor del país.
La riqueza está en
nuestros obreros y campesinos, en nuestras fábricas y
en nuestro campo; y la fuente de riqueza inmediata y
tangible son los empleos que se dan en nuestro
territorio, no en el extranjero. Han sido casi 21 años
en que se ha mantenido una política de apertura
unilateral y gratuita que en un principio tuvo su
razón de ser para contener la inercia inflacionaria.
La indebida prolongación de esa política, que en los
primeros años de su aplicación sorprendió
positivamente a propios y extraños, ha tenido
consecuencias desastrosas y sus estragos ya los
empezamos a vivir al emigrar hacia una economía
informal: se propició una fuerte expulsión de mano de
obra, tanto en el campo como en la ciudad por la falta
de empleo. Ahora apreciamos las remesas de nuestros
expulsados que se aventuraron a cruzar frontera;
perdimos recaudación fiscal por la pérdida de empresas
pequeñas y medianas y nos hemos inmerso en un nivel de
inseguridad que cuestiona la gobernabilidad de nuestro
país.
El arraigo a la tierra, a
la tradición y al capital que los porcicultores con
mucho esfuerzo han preservado por generaciones, es lo
que los mantiene en la lucha, sin claudicar ante el
acoso de la incompetencia. La meta es hacer del campo
una realidad donde nuestros hijos encuentren una
fuente segura de trabajo y de ingresos. Ésa es la
aspiración de los porcicultores y de todo mexicano;
generar trabajos dignos y no lisonjas como las que
ante la incompetencia nos ofrecen a cambio...
Hasta el último cerdo...
por una causa donde México lo requiere.
Juan Padilla Pérez
Presidente de la Unión Regional de Porcicultores
de Jalisco
PD.
Para fortuna de nuestro México, nuestras diferencias
tienen causa civil y podemos zanjarlas en urnas y
tribunales, y no como hace 100 años…
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